El útlimo tramo de la travesía se inició solo con un repetidor que fue Enric, el resto de la tripulación ha cambiado. Alberto, Xoan y Sigmar grandes compañeros para este último tramo del traslado. Salimos a primera hora para no coger la corriente que entraba en el Mediterraneo.

Primer paso repostar en el puerto de Gibraltar donde el precio del gasoil costaba 85 céntimos de euro, un buen ahorro.

La Bahía de Algeciras llena de mercantes a la espera de repostar es un laberinto donde hay que estar atento para no crucarse con alguna gabarra llena de gasoil. El mar en cala y viento suave nos permitió salir tranquilamente e ir preparando la comida que aunque queríamos salir temprano, repostar nos llevó más tiempo del debido. Incluso Sigmar tubo tiempo de arreglar la luz de navegación en el tope del mastil con un soldador de estaño.

Debido a nuestra demora en la salida, la corriente hacia el mediterraneo era tan fuerte que íbamos a dos nudos escasos cuando nuestra velocidad a motor a 2500 rpm era de 7,5 a 8 nudos. Una vez nos acercamos a Tarifa empezamos a recuperar algo de velocidad. El pasar por Tarifa también fue bueno ya que hicimos la única captura de toda la travesía, cosa que para cinco personas era poco pero el marmitaco que nos preparó Sigmar fue fabuloso.

Pasado este punto nuestro nuevo rumbo sería cabo san Vicente a unas cien millas. Durante la noche Xoan nos mostro que había un puerto muy pescador llamado Baleeira y que podría ser un buen sitio para descansar. Llegamos y cenamos en el único restaruante del puerto, y el camarero nos comentó que se esperaba una fuete nortada para pasado mañana. Xoan y yo que conocíamos lo duras e incómodas que son las nortadas para subir la costa portuguesa propusimos salir despues de cenar, y llegar a Lisboa donde podríamos descansar mientras pasaba lo mas duro de la nortada.

Efectivamente salimos y llegamos a Lisboa por la tarde del día siguiente antes de que empezase el temproal.

Lisboa es una ciudad preciosa que concozco ya que he tenido que trabajar en ella varios años y en el puerto de Oeiras donde reclamamos nos trataron magníficamente. La cena la hicimos en Oeiras en un pequeño restaurante Brasileiro donde vimos la final del mundial. Sigmar defendiendo sus colores y los camareros con los suyos pasamos una divertida velada.

puerto de oeiras

El útlimo tramo fue sencillo con olas de dos metros y viento del norte pero llevadero. Llegamos a Vigo al alba lo que fue un regalo ya que la Ría de Vigo es una joya que por mucho que la disfrutemos siempre es bonita.

Muchas gracias a toda la tripulación así como todos los que me habéis ayudado a que se cumpla mi sueño de tener un velero oceánico y resistente con el que poder hacer todo tipo de travesías. En esta etapa estupenda compañía Enric, Alberto, Sigmar y Xoan. Pero Enric en Castellón que siempre contestaba todas mis consultas, Jaume, Clara, Dolors, Marga, muchas gracias a todos.